Libro "Buen Camino"

¡BUEN CAMINO!

¡BUEN CAMINO!

Mis reflexiones sobre el camino de Santiago

Por José Pedro García Miguel

 

¡BUEN CAMINO! ¡Qué maravillosa frase! Desear a otros que su andadura, su experiencia, su ruta, sea buena. Y deseársela a todo el mundo, la mayoría de ellos desconocidos. Y la réplica por parte de los otros… ¡buen camino!, todos apuntando en la misma dirección: la catedral de Santiago.

Este es el saludo de los peregrinos a Compostela. Acabo de terminar mi semana de caminante a Santiago, y todavía estoy imbuido de la magia de esta experiencia (que espero me dure lo máximo posible), experiencia que todo el mundo debería tener al menos una vez en la vida.

Si hay alguna sensación que me preside ahora, o algunas de ellas, son el orgullo de haber alcanzado la meta, pues como prueba física ha sido un gran reto y una dificultad importante que solventar. Siento plenitud al haber tomado contacto con las cosas importantes (la mayoría de las veces las pequeñas cosas), y a que hoy siento muy pocas ganas de tener y muchas de ser. He vivido 7 días con lo justo, y paradójicamente, cuanto menos he tenido y más he compartido, más plena ha sido mi vida. Justo lo contrario del día a día en el que estamos inmersos habitualmente. ¿cómo nos permitimos estar tan engañados en nuestras vidas?

El camino es una experiencia que puede ser enfocada desde muchos puntos de vista: el reto, la superación personal, el reencuentro con uno mismo, lo espiritual, lo religioso, el compartir con amigos y seres queridos, lo lúdico, la aventura, el conocimiento de otros…

Pero lo que está claro es que es una manera de contactar con lo que tú decides, completamente distinta de lo habitual, pues nadie te regala nada, y lo que consigue es fruto del esfuerzo personal. No es cómodo, pero como dice Vicens Olivé, la libertad se encuentra más allá del área de seguridad. Y en el camino, y por encima de todo, uno se puede sentir muy libre.

Todo lo que te rodea genera una atmósfera de convivencia, de disfrute de la naturaleza, apreciando el viento, los sonidos o un trago de agua fresca como si fuera un extraordinario regalo del universo.

Los parajes y los caminos son preciosos en muchos tramos, y la lluvia y el sol se confabulan para que vivas la naturaleza y tu propio esfuerzo desde un crisol absolutamente variado de puntos de vista, más lo que implica el continuo encuentro con otros, que comparten al menos una misma meta geográfica, un horizonte común que alienta a todos a seguir… ¡buen camino! Se oye una y otra vez…. Estás solo pero formas parte de un todo que te trasciende, eres parte ya de un camino hollado por miles de peregrinos antes que tú y que será hollado por muchos otros después. Y sólo por el hecho de estar ahí y de entregar tu esfuerzo y tu energía, parte de tu alma ya se ha integrado en la vida de esta ruta.

Quizá una de las partes más enriquecedoras del camino es el hecho de conocer y abrirse a la gente que participa de esta maravillosa experiencia. Porque es sorprendente la cantidad de personas que peregrinan, de tantas nacionalidades (aunque los italianos son legión), personas con ocupaciones tan diversas, solos (el peregrino que viaja solo es proporcionalmente mayoritario, lo que ha sido una auténtica sorpresa para mi. Me creía más raro), en parejas, en grupos, con amigos, invidentes con sus guías, familias con niños, en bicicleta, a caballo, e incluso ¡una joven madre con un crío en un carrito!

Solo el hecho de haber decidido realizar el peregrinaje, utilizar el tiempo, la ilusión, las vacaciones para esta experiencia, da un toque especial a toda esta gente. No es que todo el mundo no lo tenga, que lo tiene, sólo que en este caso las personas se han atrevido a sacarlo, a vivir la magia que uno lleva dentro y compartir la de otros, a veces con un esfuerzo personal muy importante. Son seres humanos que merecen al menos allí y en ese momento mucho la pena.

Y otra de las grandes aportaciones de esta aventura, como dice mi amiga Anna, compañera de un día duro del camino, es que la filosofía que preside tu relación con los demás es la confianza, la presunción de inocencia, el creer de entrada en la bondad y buenas intenciones de un peregrino que tiene en común el ser peregrino como tú. Te alejas fluidamente del miedo a los otros, del afán de protección, de la necesidad de seguridad y de blindarse ante los que nos rodean. Aquí la seguridad te la da el hecho de pertenecer a la comunidad que peregrina. Se podría decir que  es un pequeño ensayo de cómo sería el mundo si en vez del miedo y el competir, se viviera desde la confianza y el compartir. Y sinceramente, ¡es muy atractivo!

¿Te imaginas entrar en un albergue a dormir en literas, donde a priori todos los que te rodean merecen mucho la pena, te apoyan y comparten contigo lo poco que tienen, incluso sin pedirlo?

Esta sensación no tiene precio. El camino de Santiago es un fiel reflejo de la profecía que se autocumple: la realidad que vivo es la realidad que yo provoco a través de lo que yo creo que va a suceder; que supone una gran diferencia con la vida cotidiana de muchas personas marcadas por la resignación o la desesperanza, ya que en este caso, lo que se genera son mayoritariamente cosas buenas.

El camino te pone en contacto directo con tu cuerpo. Este ha sido otro gran descubrimiento para mi. Gracias al cuerpo puedes ser peregrino, y sobre todo gracias a pies, rodillas, piernas, hombros y riñones, que puedo decir con certeza las partes que uno exprime con más fruición.

Tanto tiempo juntos, y tan poco atendidos, sin hacerles apenas caso. He descubierto el cuerpo de nuevo, me he hecho su amigo, pero ahora la amistad es recíproca, y no como antes, solo para pedir. Ahora mimo mis pies, le hablo a mis piernas, doy gracias a mis hombros e intento darles a todos lo mejor que tengo para su bienestar. ¿Y qué decir de mi corazón, y mis pulmones? La lista de agradecimientos no tendría fin….

No hay nada como el esfuerzo físico y el dolor para estar aquí y ahora. El Presente es lo que hay, el cuerpo y la naturaleza traen continuamente nuestra atención al momento, impidiendo que el habitual parloteo mental se extralimite, como tiene a gala hacer con excesiva frecuencia. Es un volver al presente que te impide vivir más allá del ahora mismo, y que creo que es el gran reto del ser humano en pos de la felicidad.

El cubrir etapas en la peregrinación es una manera de compartimentar el acceso a la meta final. Si no se hiciera así, veríamos imposible hacer 800 km a pie desde Pirineos. Aquí toma plena vigencia el hecho de que un largo viaje comienza con un primer paso, y te acostumbras a ser realista con tus avances, y ha aceptar los miles de pasos del camino como parte de su filosofía y aprendizaje. También he visto como contrapartida como mucha gente (incluido yo, hasta que tomé conciencia del sinsentido para mi) convertía el camino en hacer etapas lo más rápidamente posible, según lo planeado, y si son más kilómetros, mejor, convirtiendo todo esto en el principal leitmotiv, como fiel reflejo del mundo en que vivimos…. Competir, correr, avanzar…. ¡siempre adelante! pero… ¿para qué?

El camino me ha enseñado a ir paso a paso, a tomar conciencia de ellos, y que además puedo elegir con total libertad y sin condicionamientos como hacer y vivir la ruta, y como disfrutarla. En los primeros días también caí en la trampa de cubrir etapas, expectativas, planes y criterios, a costa de perderme lo imprevisto, que es casi todo. Pero luego he sabido rectificar y he convertido mi ruta en un aprendizaje dinámico y pleno de disfrute, lleno de pies en un riachuelo, paradas a hablar con alguien, o a admirar un paisaje, o sencillamente oler y respirar profundamente, o desviarme y tumbarme en un prado…

¡Qué conexión con la naturaleza! Qué cantidad de robles haciendo bóvedas de sombra en caminos rodeados del color verde, con subidas, bajadas, y el paisaje de la Galicia rural apareciendo entre la bruma como si fuera una postal viva divisada desde lo alto de una loma…

Cada uno tiene sus motivos para hacer el camino, e indistintamente de los que éstos sean, todos son muy respetables. En mi caso lo hice  y fui solo, para coger distancia, re-construirme, llenar la cantimplora del espíritu, que estaba en mínimos, sobrepasado por el tener, y abrirme a la experiencia de tal manera que el universo me dijera lo que tenía que decirme, y me mostrara lo que tenía que mostrarme.

Y efectivamente, y hasta el último instante (sobre todo en el último instante), mi aprendizaje ha sido extraordinariamente enriquecedor, y en muchos casos no me preguntes porqué, pero hay ciertas cosas que han calado (supongo que es la magia del camino) y que queiro compartir contigo…

  • He decidido renovar mi voto de confianza hacia las personas. He visto y he vivido demasiadas cosas en el camino como para no hacerlo
  • Quiero volver a ser peregrino, en solitario de nuevo, abierto a la experiencia, y sin planes. Mi meta no será llegar a Santiago. Será vivir el camino
  • Me he reafirmado en que la vía espiritual, y dios, o Buda, o Alá, o el Universo, llámese como se llame, está presente en los corazones de los hombres, y que el cultivo de esta vía es la que provoca la plenitud. La búsqueda de la plenitud por otras vías prescindiendo de lo espiritual, están abocadas al fracaso
  • He conectado con mi cuerpo, y estoy dispuesto a honrarlo como parte de mi
  • He descubierto el vivir paso a paso, y me he comprometido a dedicar mucho mas tiempo a lo que provoca mi plenitud, y al momento presente, sin prisa y sin pausa
  • Y una vez más he comprobado el espíritu de superación del ser humano, que no conoce barreras. Personas desde Roncesvalles, que no podían casi andar, avanzando por caminos y crestas solo movidos por su fe, ha sido una experiencia increíble de ver.

Yo mismo he vivido la sensación extraordinaria  de estar entrando en Santiago sin fuerzas, andando a pasitos por el dolor, y ante la vista a lo lejos  de las torres de la catedral, erguir el porte y ver como otros en mis circunstancias o mucho peores hacían lo mismo, y con dignidad y orgullo acelerar el paso, un paso firme e impensable momentos antes, como si una magia te recorriera el cuerpo y te diera fuerzas sacadas de no se sabe donde para avanzar, como si tuviera el poder de anestesiar el cansancio  y los dolores, y convertirlos en energía. Ese domingo entrando en Santiago, renqueando y digno, me mostró que las personas, alumbradas por ideales y sueños, no tienen límites. Y lloré al ser testigo de ello, de alegría y de gratitud.

Hoy siento un gran orgullo al poder decir que soy peregrino del Camino de Santiago.

 

José Pedro García Miguel

 

 

2 comentarios
  1. Maravillosa descripción. Me ha reavivado mi antigua añoranza del Camino, y me ha dado impulso para llevarlo a cabo….en breve. Muchas gracias. Buen Camino!!!!!

    • Maravillosa descripción. Me ha reavivado mi antigua añoranza del Camino, y me ha dado impulso para llevarlo a cabo….en breve. Muchas gracias. Buen Camino!!!!!

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